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La creciente preocupación
mundial por el calentamiento global y luego
de la convención de Kyoto en 1997,
ha exacerbado el interés de los inversionistas
privados por el emergente mercado del carbono.
De allí que las plantaciones comerciales
de árboles, además de la gran
demanda del mercado mundial de la celulosa
y la construcción, ahora tengan un
nuevo y quizás más fuerte
incentivo.
Las anteriores razones
y la creciente presión política
de grupos ambientalistas en los países
del Norte, han propiciado un corrimiento
de la industria de las plantaciones comerciales
de árboles hacia el sur, con especial
interés en el trópico, en
donde se ven ampliamente favorecidas no
solo por las condiciones ambientales que
garantizan un rápido crecimiento,
sino por las exenciones tributarias y la
laxitud legislativa que se les ofrece frente
a sus indiscutibles impactos ambientales
y sociales.
En la cuenca hidrográfica
del río Sinú, las plantaciones
comerciales de árboles, fueron promovidas
desde los años ochentas, especialmente
en la cuenca alta en las estribaciones de
las serranías de San Jerónimo
y Avive, sustituyendo áreas de bosque
húmedo tropical por extensas plantaciones.
Esta tendencia aun se conserva. En la cuenca
Media y Baja, esta industria está
dando sus primeros pasos. En la Cuchilla
de Cispatá (ver información
adicional anexa) se han establecido dos
empresas de este tipo, una de las cuales
pertenece a dos exministros de Medio Ambiente
de Colombia. Entre las dos empresas proyectan
establecer 8.000 hectáreas de plantaciones
de Eucalipto, Teca y Balso.
La expansión de
esta industria en la cuenca media y baja
del río Sinú, representa una
verdadera amenaza para la seguridad alimentaria
de las comunidades locales rurales y en
general para la biodiversidad de la región.
Es importante señalar
que este tipo de proyectos son promovidos
por el mismo estado colombiano como parte
de un paquete de soluciones ambientales
y sociales, desconociendo los serios cuestionamientos
que a nivel mundial se le hacen. |